Sobre la “violencia” de los videojuegos

Font: Pexels
Font: Pexels

Alexandru Mihoc

Desde los inicios de los videojuegos, estos han venido acompañados de críticas. Entre ellas, destacamos las que consideran que son violentos y que pueden empeorar la forma de pensar de los jóvenes. Incluso los acusan de ser las causas de la violencia juvenil.

Un ejemplo sería el caso de Florida. Sucedido en mayo del 2018, cuando se produjo un tiroteo en una escuela en que fueron asesinadas 17 personas. Los familiares y amigos de las víctimas acusaron al videojuego Active Shooter por ser el causante, juego que simula un tiroteo en una escuela.

Es entendible que se acuse, pero, hoy en día, todo el mundo conoce la diferencia de un videojuego y la realidad, lo que está bien y lo que está mal. Si alguien creyese que un juego de disparos fuera real, no sería capaz de jugar. 

Hay otras personas que creen que las sagas como Call Of Duty, Grand Theft Auto o Resident Evil, son tan violentas que pueden provocar a sus jugadores cambios de actitud o de pensamiento, haciéndoles más violentos y dándoles la posibilidad de realizar algún acto de este calibre. Es absurdo y difícil de creer. Son solo videojuegos, igual que las películas o series que simulan la misma temática.

Si todos los comentarios que hace la sociedad sobre los videojuegos fueran reales, yo considero que no existiríamos, porque nos mataríamos entre nosotros mismos. Hay que entender que los mismos videojuegos tan solo buscan el entretenimiento de las personas, ya que si nos hicieran ser más violentos no existirían.

Muchos, al ver una noticia de un niño conduciendo un vehículo por haber conducido uno en un videojuego, ya suponen que es su culpa, no tiene sentido. ¿Acaso los niños que ven películas como Batman o Spider-Man empiezan a dar saltos por los edificios o buscan criminales? La respuesta es no, porque conocen la diferencia entre lo que es ficción y lo que es realidad.

Existen todo tipo de videojuegos, de más violentos a menos. Algunos deberían ser prohibidos para los niños más jóvenes hasta cierta edad, por su grado de violencia –es cierto–, pero no por la posibilidad de que se conviertan en asesinos. Sin embargo, no sería aceptable intentar convencer de que los actos violentos de una persona son debidos a los juegos: las razones son otras.