Rosa Conesa: “El problema de la desmotivación implica muchos factores que no dependen del docente”

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Rosa Conesa estudió Filologia Hispànica en la UdL y el curso pasado hizo las prácticas del Grado en el Col·legi Episcopal. Ahora está realizando el pràcticum del Màster de Secundaria en el mismo centro.

¿Qué es exactamente lo que estás haciendo en el Colegio Episcopal? Ya te vimos el curso pasado pero con el confinamiento no pudiste continuar … 

Estoy aprendiendo a ser profesora, ya que, por mucha formación teórica que tenga sobre la asignatura de Lengua Castellana y Literatura, no nos han enseñado en la Facultad a ser docentes. Mis tareas se basan en la observación activa, la intervención en el aula, la corrección de actividades y exámenes, la elaboración de material de apoyo para las explicaciones, etc. El curso pasado, a pesar del confinamiento, sí que pude continuar las prácticas del Grado de la UdL, aunque no desde el primer día, sino que me reincorporé un mes más tarde. 

Sabemos que tú habías cursado el Bachillerato Artístico.¿Por qué razón fuiste a Filología? En qué momento decidiste o vas orientar finalmente tus estudios? 

A pesar de ser una buena estudiante durante la ESO, las clases en las que estaba más motivada para seguir aprendiendo eran las de Castellano y las de Visual y Plástica. De esta manera, me decanté por formarme en aquello que más me gustaba en ese momento: dibujar. Siempre he leído y he escrito, pero al ser hábitos que me han inculcado desde pequeña, nunca pensé que me podría dedicar a las letras. Fue así como acabé en el Bachillerato Artístico, encontrando al fin personas como yo: curiosas, empáticas, comunicativas y con inquietudes.  

Pero, a medida que pasaban los meses, me di cuenta de algo: por mucho que mi técnica de dibujo mejorase, nunca encontraba mi estilo propio. Sin embargo, en otra expresión artística sí que encontré mi sello: en escribir. Al tener tantas asignaturas creativas y al haberme rodeado de unas personas geniales en el ambiente adecuado, no paraba de escribir, dentro y fuera de las clases.  

 Una curiosidad: ¿Cuál fue el tema de tu Trabajo de investigación? 

Desde el principio, tuve claro que me decantaba por elaborar un trabajo creativo literario. Y cuando descubrí en una clase de Castellano que existieron escritores que tuvieron en cuenta las estaciones del año para escribir sobre el amor, establecí mi tema del Treball de Recerca, pues recuerdo estar escribiendo, en ese momento, unos relatos relacionados con esa temática. Como producto final, me quedó una parte teórica sobre poemas de otros escritores, mientras que la parte práctica fue la creativa, una recopilación de unos cien poemas y un relato, todo girando en torno a las estaciones y al amor.  

Por lo que sabemos, las carreras de letras generan poco interés entre los jóvenes. ¿Es verdad? ¿Por qué crees que sucede esto?

En primer lugar, todo el mundo sabe lo que es una ingeniería; por el contrario, en varias ocasiones, cuando he respondido que yo estaba estudiando Filología Hispánica me han comentado: “Ah, lo de Platón y Aristóteles, ¿no?”. Si ni los adultos a veces saben que existen grados de letras y los confunden entre sí, ¿cómo podemos pretender que los jóvenes estén interesados en ellos?  

¿Cómo ves el futuro de las letras o de las Humanidades en general? Ahora parece que sólo importan las ciencias o los grados vinculados al mundo de la empresa … 

Los adolescentes son el reflejo de la sociedad, y en el siglo XXI nos hemos convertido en gente práctica, vaga e impaciente. Somos prácticos porque pretendemos que todo lo que hagamos tenga un resultado y así demostrar que hemos hecho una cosa que sirve para algo; somos vagos porque, a pesar de querer hacer muchas cosas, si estas requieren esfuerzo, ni nos molestamos en movernos; y somos impacientes porque necesitamos un resultado inmediato de todas nuestras acciones o creemos estar perdiendo el tiempo. Si algo requieren las carreras de letras son teoría, esfuerzo y paciencia; valores que ni están de moda hoy en día. 

Y, por si fuera poco, siguen patentes los prejuicios y los comentarios despectivos contra las carreras de letras como los siguientes: “¿De qué te sirve estudiar eso?”, “Te vas a morir de hambre”, “Vas a terminar debajo de un puente”, “Mejor estudia algo serio”, “Por pensar no vas a ganar dinero”… En una sociedad, pensar y reflexionar es igual de necesario que curar un cáncer y, si los adultos fueran conscientes de esto, las humanidades no estarían en crisis, ya que no pretenderían deshumanizarnos para ser más prácticos y ganar más dinero. 

Te has especializado, dentro de este grado, en algún ámbito en concreto? 

Pues sí, tengo las menciones de francés y de lenguas clásicas. Me permiten ser profesora en la ESO de latín, griego y francés, pero no me especialicé para eso. Decidí sacarme estas menciones para conocer más sobre otras literaturas y lenguas, ya que al haber adquirido la base más que necesaria de hispánicas en las asignaturas obligatorias, me decanté por escoger las optativas que, en lugar de complementar lo aprendido, me llevaban a cuestionarlo al compararlo con otras lenguas y literaturas. 

Este tiempo de prácticas que llevas vinculada al Colegio Episcopal, como te has encontrado? Como el vivos? Tienes previsto impartir alguna clase? O tal vez ya lo has hecho? 

Me he sentido como en casa, la verdad. Lo vivo como una experiencia irrepetible y necesaria, ya que es mi última oportunidad de conocer bien la tarea de los profesores antes de serlo yo “oficialmente”. Además, es un momento clave para saber cómo puedo enfocar mis clases, pues puedo observar cómo los alumnos reaccionan a ciertas metodologías de enseñanza y cuál es su motivación actual.  

Tengo previsto impartir algunas clases, solo que aún me falta concretar el temario con mi tutor y con el estudiantado. Además, el curso pasado impartí, en el primer curso de la ESO, algo parecido a una clase durante el confinamiento: les hablé un poco sobre un subgénero literario y luego aquello terminó en un debate sobre la escritura.  

Seguro que nunca olvidarás este tiempo, mucho más por el hecho de vivirlo en un contexto de pandemia? Participaste el curso pasado o este mismo en las clases online? 

Esta época no la voy a olvidar, y no por el hecho de haberla vivido en contexto de la pandemia, sino porque forma parte de mi formación como profesora y como persona. He conocido, desde el curso pasado, a gente de la que puedo aprender mucho, tanto a docentes como a alumnos y alumnas. Sobre las clases online, el curso pasado ya participé en ellas, y durante este curso también. Sigo prefiriendo mil veces las clases presenciales a las online, ya que son mucho más dinámicas y menos pesadas, tanto como para los profesores como para el estudiantado.  

¿Quién es tu tutor en el colegio? Como vivos esta experiencia de alumna y profesora vez? 

Mi tutor es Jordi Capdevila. Se trata de una experiencia compleja y confusa porque veo los problemas que se originan en los dos bandos. Es complicado, en primer lugar, conseguir que todos los alumnos estén motivados (por no decir que es imposible), y que conozcan y asimilen los conceptos necesarios para su aprendizaje sin dejar de lado toda la terminología que deberían manejar y la cual desconocen porque son cosas que, simplemente, se olvidan.  

En segundo lugar, me es difícil acostumbrarme al rol de profesora cuando hablo con los alumnos, ya que, en esta ocasión, no son muchos los años que nos separan, por lo que se me escapan palabras malsonantes y opiniones que un docente no debe expresar porque no nos debemos posicionar ideológicamente. Los profesores debemos ser un apoyo, una guía, un referente, y por eso mismo tengo que acostumbrarme a expresarme con propiedad. 

¿Cuál es el objetivo de estas prácticas? 

El objetivo de estas prácticas es terminar de formarme como docente, ser consciente de todo lo que hay detrás de esta profesión. Desde la perspectiva del alumnado, se suele pensar que la tarea del docente es dar las clases y corregir exámenes y ejercicios, pero en realidad es mucho más. Si como profesor te implicas con los alumnos, quieres que mejoren y que aprendan más y mejor y, además, uno es exigente y perfeccionista con sus propias tareas, gran parte del día se dedica a la docencia.  

Mantienes vínculos con el alumnado? 

El curso pasado me fue inevitable en la clase del primer curso de la ESO, a veces tuve la sensación de ser más como una hermana mayor en lugar de una profesora. La verdad es que guardo un muy buen recuerdo de las horas que pasé allí, creo que aprendí tanto por lo implicada que estuve con ellos. 

Sobre las demás clases, sí que ha habido alumnos con los que he hablado un poco en el aula, algo en los pasillos, pero poco más. Supongo que es cosa de la edad: en las clases con la ESO percibí que yo era imprescindible, ya que la interacción con el grupo era mayor por las intervenciones y por los ejercicios prácticos en clase, mientras que en las clases con Bachillerato sentí que no se me iba a echar de menos si faltaba, porque mi papel en las clases no era tan relevante. Obviamente, no me sentí así en todas las clases de Bachillerato, pues sé de alguna que este curso preguntó si iba a volver y, probablemente, ese sea el grupo en el que este año me siento más cómoda; sin embargo, en general, me cuesta más establecer un vínculo con los que son alumnos más mayores. 

Te quieres dedicar a la docencia? Quizás en busca? Te consideras vocacional? 

La investigación la concibo como una posible opción más adelante, pero la docencia es aquello a lo que me quiero dedicar ahora, pues si algo tiene la docencia es el hecho de trabajar con personas, de estar rodeado siempre por compañeros de trabajos, por alumnos… Además de intentar crear una sociedad mejor formando al estudiantado no solo en lo relativo a la asignatura en sí, sino en que aprenda a reflexionar y a ser crítico por sí mismo. Y eso no lo tiene la investigación, por eso me he decidido, en primer lugar, por ser profesora. Hay que estar en primera línea de la batalla, enseñando a los alumnos que sin las letras no seríamos más que autómatas sin corazón. 

Hiciste Erasmus? No te has planteado salir al extranjero? Te gustaría poder dar clases en la Episcopal?  

No, y de momento no he pensado en irme al extranjero. La verdad es que me gusta mi país y tengo a mi familia aquí, ya tendré tiempo de trabajar fuera cuando no tenga lazos afectivos que me aten. Para mí, mi familia es lo primero, y me dolería mucho trabajar lejos y perder años de vivencias con todos ellos. Sobre dar clases en el Episcopal, sí que me gustaría, por eso este curso he vuelto de prácticas aquí en lugar de irme a otro instituto. 

¿Qué es lo que te parece más difícil en la tarea de profesor? 

Sobrellevar la frustración de dar el 100% en las clases y seguir viendo al alumnado totalmente desinteresado por aquello que explicas. Sin embargo, tendré que empezarla a tolerar, ya que el problema de la desmotivación implica muchos factores que no dependen del docente, como son, por ejemplo, la situación familiar y emocional del alumno, la adolescencia y todos los cambios físicos y mentales que conlleva, además de la errónea concepción de la educación, pues al ser obligatoria, los alumnos ya suelen mostrarse enfadados por tener que hacer algo sí o sí. En manos del profesor solo está la forma de explicar, y si la predisposición de la clase es negativa, no hay mucho que hacer. 

Como ves la Episcopal y como ves el sistema educativo en general? La educación? Los jóvenes adolescentes? 

El Episcopal es un centro cálido y familiar por lo que he conocido hasta ahora. Además, la oferta educativa es muy amplia y atiende a la diversidad actual, teniendo en cuenta también su proyecto educativo. Sobre el sistema educativo en general, partiendo de la base de que todo se puede mejorar, está mal organizado. Demasiada teoría y poca práctica, pero esto no es culpa del equipo docente, sino de los que organizan el currículum educativo.  

La desmotivación de los jóvenes no es solo culpa suya, sino que son un reflejo de la sociedad: sus aspiraciones son altas, pero las ganas de luchar por ellas y alcanzarlas son mínimas. Esta actitud no solo se percibe en ellos, así que deberíamos dejar de culparlos solo a ellos por su bajo rendimiento académico y pensar sobre qué están aprendiendo de los adultos, viéndolos pegados al teléfono, ocupados en sus cosas o en su trabajo, tachando sus conductas de “rebeldes” sin sentarse a hablar con ellos como personas. Claro está que este tipo de situaciones no se producen siempre, pues sigue habiendo estudiantes excelentes, apasionados y motivados para seguir formándose, pero no podemos obviar el papel de los adultos en la construcción identitaria de los adolescentes. 

¿Te gusta escribir? Has recibido algún galardón o reconocimiento en algún premio? Te has planteado dedicarte a la creación literaria? 

Escribo desde los doce años. Sí que gané un premio de relatos cortos en la UdL, pero si algo he ido aprendiendo estos años, es que un premio no garantiza que una obra sea de calidad. No tengo pensado dedicarme a la creación literaria porque ser escritor requiere una continuidad en el estilo, una constancia en la actividad de escribir y una tolerancia a las críticas de cualquiera, y ninguna de esas tres características las tengo yo.  

Escribo igual que respiro, nace de mí, y todo lo que hago se ordena en torno a la literatura, me es inevitable. Me siento viva escribiendo y leyendo, son los únicos momentos en los que realmente me siento propietaria de mí y no de la rutina, de compromisos con otras personas o del tiempo, por eso mismo tampoco no concibo la idea de dedicarme a comercializar mi creación. 

Entendemos que te gusta la lectura. ¿Cuáles son tus autores favoritos? 

Igual que con la música, me es imposible responder estas preguntas así formuladas. Más que autores preferidos, creo que hay autores que te marcan en cierta época de tu vida o autores a los que siempre vuelves que, en mi caso, son los poetas de la Generación del 27, Mario Benedetti, Albert Camus, Julio Cortázar y Alejandra Pizarnik. 

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